Tiene la pinta de un halcón peregrino, pero esta ave rapaz no es de carne, hueso y plumas, sino que está relleno de circuitos y recubierto con icopor, madera de balso y un refuerzo con fibra de carbono. Se trata del aerohalcón, un dron que se alista para ahuyentar pájaros en los aeropuertos de Medellín y Rionegro.

El creador de esta pequeña aeronave no tripulada es Álex López Ríos, ingeniero aeronáutico de la Universidad Pontificia Bolivariana, quien demostró que a estos aparatos, además de la captura de fotografías y videos, también se les puede encontrar múltiples usos, y en su caso, se emplean para garantizar la seguridad de los motores ante posibles impactos con aves.

Ya los había fabricado en febrero de 2015 y desde 2016 inició contactos con la concesionaria Airplan, responsable del Olaya Herrera de Medellín y el José María Córdova de Rionegro, pero solo hasta este año pudo convencerlos de su diseño y le encargaron seis unidades.

De esta manera, los drones también llegarían a servir en las terminales aéreas administradas por la compañía en los municipios de Montería, Corozal, Carepa y Quibdó.
¿Cómo funciona?

El aerohalcón ni siquiera tiene que mover las alas, explicó López Ríos, solo le basta con su imagen para espantar a las aves cada vez que se requiera. Pesa 1.300 gramos y tiene una autonomía de vuelo de entre 15 y 20 minutos, aunque requiere de tres o cuatro para cumplir su misión en el aire.

En vuelo puede alcanzar hasta 80 km/h. Para diseñarlo recibió asesoría de un biólogo y por eso, aunque es un poco más grande, con sus 1,3 metros de envergadura (distancia entre las alas) y los 1,1 metros de largo es el terror de los pájaros.

Cabe aclarar que no es la primera vez que se diseña algo similar. De hecho, Vivian Flórez Delgado, coordinadora del programa de gestión de riesgos por fauna en el José María Córdova, indicó que Airplan ha venido trabajando con modelos parecidos desde 2011.

No obstante, anotó, eran drones más costosos y fabricados por fuera, lo que dificultaba el mantenimiento, reparación y consecución de repuestos.

López Ríos dijo que se basó en un modelo español que tiene un costo comercial superior a los 30.000 dólares, mientras que él maneja dos tipos: uno más elaborado que cuesta cerca de 4.700 dólares y uno más simple de alrededor de 2.200 dólares.

El más sofisticado, observó Flórez Delgado, es el que compró Airplan para los aeropuertos de Rionegro y Medellín, pues tiene la ventaja de que si se pierde el control remoto puede regresar al punto de partida en piloto automático.

Para el despegue, el aerohalcón puede lanzarse al aire con la mano, como si fuera un avión de papel; mientras que para aterrizar requiere una grama o pista de 40 metros.

Un complemento

Flórez Delgado señaló que los resultados en las pruebas han sido óptimos, pero a esta herramienta hay que acompañarla de otras, pues la fauna, cuando se ve asediada por un método se adapta, por lo cual es bueno complementarla con otras medidas.

En este sentido, dijo, en Rionegro se emplea también la pirotecnia controlada, o el cañón de gas propano, que son mecanismos sonoros que por el ruido ahuyentan los pájaros que se acercan a la pista o sus alrededores.

A la fecha, el equipo de bomberos aeronáuticos recibe la capacitación teórica, que luego será práctica, para operar el dron; sin embargo, reveló Flórez Delgado, los oficiales de peligro aviario y fauna expresaron que el aerohalcón es más fácil de manejar que otros aeromodelos que se han usado antes.

Las temporadas del año más propensas a que se presenten impactos de aves y aviones, por temas como la migración o los climas, indicó Airplan, suelen ser los periodos entre marzo y abril, al igual que de septiembre a noviembre.

El artífice de los drones espantapájaros no ha querido patentar su creación, pues él mismo reconoce que tomó un diseño de otro lado y no es su interés figurar.

Aún así, reveló que recibió llamadas de México para fabricar algunos, pero esperará a terminar los encargados por Airplan antes de expandir este servicio a otros países.